lunes, octubre 02, 2006

Instrucciones para una tímida (o) que tiene que entrar en un salón atestado de gente, comenzada una reunión.

... hace mucho tiempo atrás, cuando pensé que quizás podria tener algún futuro como escritora (adolescencia, divino tesoro de esperanzas), escribí esto, obviamente inspirada en Cortázar y su sin fin de instrucciones.
A pedido de mi ejercicio en la pérdida del pudor... y el poder compartir... acá va...


"Para este tipo de casos, el primer paso a seguir es dar un previo paseo frente a la puerta obviamente cerrada y poner el oído en la misma para escuchar y reconocer algunas voces familiares entre los asistentes.

Esto puede ir acompañado de un leve temblor de piernas, tics nerviosos o secos sonidos de nudillos, además de unos cuantos - por la cresta llegué atrasada o ¿y ahora qué hago?.

Después de estas normales reacciones, viene el proceso más difícil de superar, quedar con la mente en blanco y sin una frase ingeniosa o convincente en los labios para explicar el retraso (en Santiago o cualquier ciudad con sobrepoblación de autos, lo normalmente usado es un taco o un accidente).

Sería conveniente agregar unas vueltas más por el pasillo mientras se intenta recordar algo para salir del apuro. Claro que esto tiene su pequeño detalle, que es que las personas alrededor le miren con tal extrañeza que será necesario una inspección general de zapatos, vestuario, maquillaje (en este caso) hasta el aliento para devolver la seguridad y olvidar ese ataque de pánico repentino.

En ese momento, en esos 20 segundos de seguridad indiscutible, es el propicio para tomar el picaporte y abrir la puerta, asomando apenas la cabeza. Una vez abierta, naturalmente la conversación cesará y los 11 pares de ojos irán a parar sobre su persona, que de pronto sentirá hinchadas las venas de las sienes y la sangre bombear fuerte en el rostro.
Aquí, este preciso instante desagradable e incómodo, a mi parecer sólo hay dos opciones a elección:

a) Tartamudear una especie de disculpa que nadie entenderá y hará que los asistentes se miren entre sí desconcertados y se pregunten cosas como quién es Ud. o qué diablos hace ahí con media cabeza dentro del salón.

b) Mirar detenidamente a los asistentes, uno por uno directo a los ojos, claro que evitando a los ya conocidos y conservando la sangre fría, para luego afirmar con voz clara e inocente: - Disculpen, me equivoqué de salón-, cerrar la puerta suavemente e irse tranquilamente a casa, recordando a cada paso de llamar mañana a primera hora a Gabriel para saber cómo estuvo la reunión".

2 comentarios:

Made in China dijo...

Esta muyyyyyyyyyyyyyyyyyyy bueno! jajajajaja! dioses chinos!
Lo voy a leer de nuevo, que me gusto de verdad!
Un beso, Verito!
MmM

Jonh Neo dijo...

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