sábado, mayo 28, 2011

Cabeza nublada en un sábado nublado

Que ganas de ponerme los jeans, lavarme los dientes y tomar mi bicicleta.
Amarrarme el pelo y salir a pedalear, sin pensar en almuerzo, en cosas
por hacer, ni pruebas por revisar, ni cosas por terminar.

Me siento algo desgastada en mi esfuerzo por tratar de mantener 
el equilibrio en las muchas partes en que se divide mi vida.
El ahínco con que trato de que todas las piezas calcen.
En que los engranajes sigan girando, aunque les falte aceite, 
aunque ya merezcan un recambio.

Los días nublados, especialmente los sábados, me ponen pensativa.
Melancólica de otros tiempos, de otros días.

A veces siento que no vale la pena todo esto, 
que pierdo las fuerzas y el tiempo por nada, 
por reconstruir algo que ya está resquebrajado de los cimientos.

No sé por que la constancia de pronto la siento como un defecto, 
más que una virtud que me ha ayudado a alcanzar casi todas mis metas.

Me dan unas ganas locas de tomar el ipod, la bicicleta y perderme 
un par de semanas, no saber nada de nadie, no hablar nada con nadie,
mirar caras nuevas, conocer calles nuevas, escuchar voces nuevas.

Pero hay algo que me impide hacerlo,
un lazo invisible que me retiene del tobillo,
la esperanza,
extraño y persistente anhelo que se esconde entre los pliegues
de todo lo que hago y de todo lo que soy.

A veces me odio a mi misma.


Playing: Aviéntame, Café Tacuba.








No hay comentarios.: