sábado, julio 21, 2012

Réquiem para mi fiel bicicleta.

Mi bicicleta morada con canastita ya no está en mi vida.
Me la robaron del departamento el viernes en la madrugada.
Cortaron la cadena y se la llevaron.
Cuando llegué, solo me quedaba la cadena.


Más que rabia, me dio pena y algo de nostalgia.
Fue un regalo de mi ex-marido, de miles de años antes.
Recuerdo el día en que la fuimos a comprar.
Cómo salté por el Persa Bío Bío, de pura alegría,
cuando encontramos la bicicleta perfecta para mi:
de mi color favorito, de paseo, con timbre, con una canastita.


De los paseos que dimos juntos, de los que dí sola,
de que iba a mi práctica del Liceo de Macul en bicicleta;
de la vez que, por ir con copas en el cuerpo y riéndonos,
enredé las ruedas y nos dimos un tremendo porrazo
(pelotita, pelotita, pelotita).


De la vez que fuimos a ver a unos familiares, y la
bajada por Quilín a toda velocidad fue vertiginosa
y adrenalínica.


Esa bicicleta existe antes de mi Matilde,
fue un símbolo y un regalo de amor.
La cuide durante mucho tiempo.
Me sentí halagada con ese regalo, tan pensado
para mí, con las caracteristicas ideales para mi.


Crujía cuando iba en subida,
de repente temblaba cuando iba a gran velocidad.
Muchas veces viaje a la Biblioteca de Santiago, 
atravesando todo Santiago en ella.


Ahora que no está, dejó un espacio bien grande.
Se llevó todos esos recuerdos.
Ahora ya no puedo ir a la pega en bicicleta,
hasta comprarme otra nueva.


Le dedicó estas palabras a mi fiel bicicleta,
que me acompañó muchas veces, 
en la que viajaba embarazada a todas partes,
en las que fuí a la Universidad llena de orgullo.


Te extrañaré querida mía!

Mi linda cleta!